Entretien avec Aitor Saraiba. “Une bouée, une boussole, une œuvre…”

Protéiforme, le travail d’Aitor Saraiba est avant tout autobiographique : les œuvres de cet artiste prolifique, qui prennent souvent appui sur ses expériences vitales, investissent des supports aussi divers que variés. Aitor Saraiba écrit, dessine, peint et prend des photos. Parfois même, il participe à ce qu’il appelle des « actions », happenings ou performances, comme ce fut le cas lors de l’édition 2009 de la Nuit Blanche (Madrid), durant laquelle il offrit aux habitants en mal de rêves des « dessins curatifs ». Il utilise enfin les techniques artisanales de son village natal, Talavera de la Reina, pour concevoir des objets en céramique. Il a exposé, entre autres, à Manchester, Mexico, Los Angeles, Lisbonne et, bien sûr, à Madrid où il réside actuellement. Son œuvre est empreinte d’un onirisme certain, d’une poésie indéniable, et aborde le plus souvent les thèmes de l’amour, la famille, l’enfance, la sexualité, la marginalité et la liberté.

Depuis le début de sa trajectoire artistique, son univers graphique trouve refuge dans des livres où les épisodes les plus marquants de sa vie sont illustrés par des dessins et des textes. Les trois derniers ouvrages – qu’il définit lui-même comme de véritables « romans graphiques »[1] – ont bénéficié d’une distribution plus large que les précédents et ont reçu un accueil très favorable de la critique. El hijo del legionario (2011)[2], Pajarillo (2012)[3] et Nada más importa (2013)[4] ne sont pas uniquement les chapitres d’une autobiographie illustrée. Ils constituent par ailleurs un guide, le manuel d’instructions de l’ensemble de son œuvre. C’est à l’occasion de la publication de son dernier opus, Nada más importa, que nous avons eu l’honneur d’interviewer Aitor Saraiba. Il nous a livré, sans détour ni fausse pudeur, ses inquiétudes d’artiste, d’homme et de citoyen, que nous transcrivons ici en version originale.

Aitor Saraiba - © Dawanda

Aitor Saraiba – © Dawanda

Maxime Breysse: En una entrevista para la revista La Mono[5], te defines como “un poeta heavy marica”. Pero como dibujante, ¿no te defines a ti mismo ante todo como un artista?

Aitor Saraiba: Es que ser heavy, poeta y marica es ser ya un artista (risas). La respuesta en sí, en aquella entrevista, era una acción artística.

MB: Para ti, ¿hay una diferencia entre ser artista y poeta?

AS: Podría llegar a haberla. Para mí, el poeta no es el que escribe poesías sino el que sabe leerlas. Pasa lo mismo con las palabras “arte” y “artista”. No es que no me considere artista: me dedico a las artes plásticas desde hace mucho tiempo. Pero, a lo mejor me siento más cercano a los poetas, a los escritores, porque son los que más me influencian. Sí que hay artistas plásticos que son poetas.

MB: ¿Te da igual el soporte que usas con tal de que el resultado sea poético?

AS: Sí. Cuando he tenido que usar cerámica, he usado cerámica; Cuando he tenido que usar tela, he usado tela; Cuando he tenido que hacer fotos, he hecho fotos. Cuando me han pedido que haga un libro, he hecho tres (risas). Al final he acabado usando la herramienta que necesitaba en el momento. No he buscado una herramienta al azar. No. Tenía que hacer algo, tenía la necesidad de crear tal cosa concreta con tal material. Por ejemplo, hay dos cosas muy unidas en mi obra, que a lo mejor el público no ve, que es la publicación del Hijo del legionario y empezar yo la creación de las cerámicas en Talavera de la Reina. Yo soy de Talavera de la Reina, y toda la vida estuve relacionado con la cerámica pero tuve que hacer este proceso de volver a las raíces y hacer las paces con mi pasado para realmente hacer cerámica tal y como la hacen en mi ciudad. Es como un ejercicio a continuación del Hijo del legionario. Las personas que leerán El hijo verán el proceso que hay de volver a los orígenes, de pedir perdón y a lo mejor, inconscientemente, justo después, esto lo materialicé con las cerámicas hechas en mi ciudad. Sin haber escrito El hijo, hubiera sido imposible. No hay ninguna diferencia entre una de mis cerámicas y mis libros: siempre estoy contando lo mismo.

MB: Esta poesía que lo sobrepasa todo…

AS: Sí. Por ejemplo, con la cerámica, lo que he intentado hacer es mantener la tradición técnica pero intentar elevarla a un concepto de alto objeto. Empecé a hacer piezas como la calavera, el pajarillo y elevarlas a un nivel poético. La figura no tiene importancia, pero que con el texto fuera otro objeto. Es lo que he intentado hacer.

MB: Un universo… un arte total…

AS: Sí, totalmente.

MB: Un poco como ocurre en la obra de García Lorca ¿no?

AS: Sí, exacto. Yo creo que de todos modos, todas las personas tenemos un universo. Cuando empiezas a ponerle símbolos a este universo, los puedes poner en cualquier lugar, en cualquier soporte. Me hace mucha gracia cuando oigo un artista decir “se me acaban las ideas” porque a mí me falta tiempo para poder seguir sacando todo mi universo que llevo dentro, porque lo que tengo dentro va expandiéndose cada vez más, no para de crecer y crecer. Estos libros [El hijo del legionario, Pajarillos y Nada más importa] los escribí en dos años, y cada vez son más grandes… Mi universo va creciendo y si tienes los símbolos identificados dentro de tu cerebro o de tu corazón –depende con qué partetrabajes– es muy fácil sacarlos fuera, y te da igual el soporte.

MB: En el último libro, Nada más importa, precisamente, estableces un paralelo muy fuerte entre tu obra y la de Nazım Hikmet. Como la tuya, la obra de este poeta turco es autobiográfica. Los dos escribís, de alguna manera, poemas autobiográficos, y acabas escribiendo –traduciendo, copiando– uno suyo en tu libro acompañándolo de dibujos tuyos…

AS: El capítulo sobre Nazım lo uso para reivindicar su poesía, porque no es nada fácil de acceso. Lo elijo también por la influencia que ha tenido en mí, por su forma de contar las cosas. Por ejemplo, el poema en que cuenta la historia de su vida en una sola hoja y te quedas como “¡vaya vida!”, me encanta esta forma de contar. Yo siempre intento quitar todo lo que sobra de cualquier frase que escribo, de cualquier dibujo que hago. En la poesía de Nazım Hikmet, veo esto también: él sólo deja lo necesario, nada de adorno. Eso de que “más es más” es mentira.

MB: Al representarlo con alas, un atributo que en tu obra suele acompañarte, te identificas con él… Aitor Saraiba, Nazım Hikmet: dos poetas en busca de libertad…

AS: Cualquier persona que está buscando libertad es un poeta. El libro anterior se llamaba Pajarillos y en la portada sale un pájaro volando. Y ese recurso de ponerle alas a un personaje que está huyendo para llegar a algún lugar, lo uso tanto para Nazım Hikmet como para mí. El pajarillo es un símbolo de huida, de viaje, es la búsqueda de algo. Me identifico mucho con la obra de Nazım Hikmet. Mi vida no tiene nada que ver, pero me identifico mucho con él sobre todo por su forma de contar, de lo sencillo que es, pero que a la vez se convierte en algo político.

MB: Antes de artista, has sido lector. Cuando dibujas, ¿tienes en cuenta al lector? ¿Piensas en un público en particular? ¿Te da totalmente igual?

AS: Yo cuando estoy dibujando o escribiendo, no estoy pensando en un lector, la verdad. Si pensara en el lector, no podría escribir ni dibujar. Si pensara que mis libros iban a ser leídos, no podría hacerlos.

MB: Pero te das cuenta de que hay mucha gente que se identifica con tu obra…

AS: Sí, sí. De eso me di cuenta luego. Cuando se publicó El hijo, nunca pensé que iba a pasar lo que está pasando ahora. Nunca jamás. Ni que iba a haber dos libros después. El hijo lo hice como una necesidad. Nunca pensé en el lector. En el libro nuevo [Nada más importa], sí que hay un capítulo en el que me dirijo directamente al lector. Es la primera vez que me pregunto: ¿quién estará leyendo el libro? Intento comunicarme con él para sentirme yo menos solo o para que él se sienta menos solo. No lo sé.

MB: O sea que no piensas en un público específico…

AS: No. En Nada más importa es bastante explícito. Hablo de Nazım Hikmet o de Metallica de la misma forma. No va dirigido a un público en particular, al revés. Escribo para los humanos.

MB: ¿Incluso cuando haces hincapié en lo mal que lo pasaste siendo adolescente en la escuela? Todo lo que es el tema, en filigrana, del acoso escolar ¿no hay ahí ningún tipo de reivindicación? El querer dirigirte, por ejemplo, a un niño que lo esté pasando mal…

AS: No. Es más: uso mis libros como una brújula para poner orden a mis sentimientos. Me lo estoy diciendo a mí mismo. Estoy intentando solucionar todo esto. Que luego haya gente que se identifique, y que le pueda servir de algo es maravilloso, pero cuando lo estoy escribiendo, lo estoy escribiendo para sobrevivir. Si no tuviera estos libros escritos, no podría sobrevivir.

MB: En el prólogo de Pajarillo, Nacho Vegas, quien firma el prólogo, se ha identificado mucho con las historias que cuentas. De hecho, el prólogo es como una declaración de amor. He podido leer muchas entrevistas que te han hecho, y en muchas de ellas, el entrevistador declara haberse sentido muy identificado con tu obra…

AS: Hoy en día, con todos los e-mails que recibo por parte de lectores, me doy cuenta de que estoy mucho menos solo de lo que pensaba. Lo que yo estaba buscando con el libro no era eso, hacer una horda de gente que nos sentimos así y nos unamos. Cuando lo hice, y a lo mejor eso es egoísta, no lo hice para el público, lo hice como un flotador, lo hice para sobrevivir.

MB: Al final, la creación artística es para ti una terapia…

AS: Sí, mis libros son una terapia absoluta. Un análisis. Es el tipo de arte que a mí me interesa y que uso: el arte es una forma de sanar y sanarte a ti mismo y curarte de las cicatrices. Sin estos tres libros, tendría un montón de heridas dentro.

MB: Tus libros son muy íntimos. ¿Te llevas bien con esto de cara al público?

AS: La primera vez que vi El hijo del legionario en un escaparate, pensé: “¡¿Qué he hecho?!”. Pero nadie ha usado el libro en mi contra. Al revés. Viene la gente a contarme su experiencia. El mundo tiene mucho miedo a la gente transparente porque si yo soy transparente, obligo a mi interlocutor a que lo sea también. Esto es aterrador porque si todos fuéramos como queremos ser, pues seríamos todos libres. Y hay mucha gente que no quiere que seamos libres. Yo, con mis libros, quiero que todos seamos libres. A mí me escriben e-mails homosexuales, heterosexuales, jóvenes de 19 años, señores, niños, porque al final lo que cuento es la búsqueda de la identidad y todas las cosas que han estado en tu contra, al final, luchas por ellas. A mí me encanta cuando alguien me dice que mis libros le han dado ganas de escribir o dibujar.

MB: Es decir que todo lo que te ha podido pasar de malo siendo niño te ha fortalecido…

AS: Sí. Por ejemplo, ayer estuve en un concierto con un amigo. Me dice: “Tengo tu libro en la mochila porque lo estuve leyendo en el metro, y me he quedado justo cuando le dices a tu madre que eres gay y salen todos los monstruos detrás de ti. Me ha encantado ese dibujo porque es muy bonito que las cosas más siniestras y que más miedo dan, son las que más fuerza te han dado”.

Dessin de Aitor Saraiba

© Aitor Saraiba

MB: ¿Y qué relación tienes con este monstruo? ¿Existe?

AS: ¡Claro que existe! Vino él solo. No sé si es ajeno o si yo soy el monstruo. La primera vez que lo dibujé fue en una libretita en el año 2009 y no lo recuperé hasta el 2012. Se me veía sentado en una sillita, y el monstruo se apoyaba en mí con sus pies, como asomándose, y ponía “Mi Apocalipsis personal”. Esta cabra simboliza, con los siete cuernos, con los siete ojos, un montón de terror y un montón de miedos que tenía. La cabra no intentaba aterrarme sino ayudarme.

MB: Es un personaje ambiguo.

AS: El miedo es eso: ambigüedad. Me acuerdo de pequeño cuando me daba miedo la oscuridad y empezaba a pensar “me dan miedo los monstruos”. Una de las cosas por las que me gusta la cultura heavy, es que sirve para asustar a los demás. La ropa por ejemplo: es como una armadura, un maquillaje de guerra casi, para sobrevivir. Como los hechiceros en las tribus cuando se maquillaban para tener el poder sobre los demás.

MB: Pero luego tu forma de dibujar es muy inocente…

AS: Durante mucho tiempo, ha sido el niño asustado el que ha dibujado. Y ahora es el adulto el que está contando la historia de este niño asustado. Entonces realmente la estética da igual porque lo aterrador es la historia. En El hijo del legionario, la historia de Gerardo es aterradora. Da igual cómo es el dibujo.

MB: Sin embargo tienes muy afirmado tu estilo gráfico…

AS: Es que me sale así (risas). No sé dibujar de otra forma. Esta estética no viene de una conciencia. No he pensado “voy a dibujar así para llegar a tal efecto”. No. Lo único que sé hacer es esto. (Risas)

MB: Hablando de la niñez, llama la atención cuando tu familia dice que es bueno equivocarse, que es algo positivo[6]. ¿Te ha servido a la hora de dibujar? En muchos momentos de tus libros, por ejemplo, hay tachaduras, que son como errores, equivocaciones…

AS: Durante dos años, ha sido una batalla con los editores. Pero yo lo quería dejar como algo orgánico. Me decían que la gente iba a decir que, por ejemplo, en el libro hay faltas de ortografía. Yo les decía: “pero también hay muñecos que tienes cuatro o cinco dedos”. Yo quería que lo orgánico de mi creación no se perdiera. Los libros están hechos directamente así, el dibujo no está hecho por un lado y el texto maquetado por otro. No. Entonces yo quería mantener esto. Es como una reproducción de mi cuaderno. Si a la gente le apetece leer entre líneas, se dará cuenta que las tachaduras aparecen en momentos muy concretos. Y a lo mejor lo que se está tachando dice más de lo que se está escribiendo realmente, de lo que se está corrigiendo.

MB: Estos errores es lo que da más fuerza a lo escribes…

AS: Y realismo. A mí me encantan los errores. Quiero que toda la gente, al leer el libro, pueda pensar: “Esto lo puedo hacer yo”. Que el libro tenga faltas de ortografía, que haya cosas mal escritas. No soy un artista renacentista que necesita una base. No. Todo el mundo tiene una creatividad dentro y quiero que toda la gente al leer mi libro piense: “Ahora voy a escribir yo mi vida”.

MB: He leído por ahí que dices que dibujas mal… pero eso, ¡no hay quien se lo crea! (Risas).

AS: (risas) El nuevo libro me ha dado pie a muchas cosas. Es más largo y tiene muchas referencias dentro.

MB: Tenemos la impresión de que quieres hacer una obra más abierta también…

AS: Lo que he intentado hacer es un libro de agradecimiento a toda esta gente (amigos, escritores, desconocidos, músicos…) que ha marcado mi identidad de alguna forma. Entonces me di cuenta de lo que tenían todos en común: que me habían acompañado en mi vida. En mis libros hay muchos personajes, pero nadie más que yo los conoce a todos. Mis amigas de Los Ángeles no conocen a Redouan, que no conoce a mi amiga Ruby … Con el libro quería homenajear a todas estas personas que me han hecho ser un poco la persona que soy o la gente que ha ayudado a mi proceso de madurez o de infancia, por ejemplo mi vecina Lucía. Tampoco quería mantener este tabú cultural: quería que estuviese presente tanto Berger como Iron Maiden, porque los dos me han influenciado de igual manera. Toda la cultura popular, la que consumimos, la que leímos, la que escuchamos, la que vemos, toda, la que nos gusta, la que no nos gusta, la que nos narra nuestra abuela, la televisiva, hacen las cosas que somos. Lo único que nos diferencia de los animales es la cultura. La cultura nos humaniza, sea cual sea.

MB: La estética de tus libros también nos remite a cierta inocencia, incluso cuando hablas de la sexualidad.

AS: El proceso para escribir mis libros es intenso. Me paso muchas horas haciéndolos. Estoy en un estado creativo en que es la inocencia la que crea. Entonces, los dibujos tienen esta inocencia. No tienen la pretensión en ningún momento de ser más infantiles o más adultos. Con Nada más importa, me he pasado tres meses, entre ocho y doce horas al día dibujando y escribiendo. Intenté mantener este estado creativo. Mis dibujos vienen del interior, intento mantenerlo lo más puro posible. Mis dibujos vienen de un lugar de la infancia, pero un niño no dibuja así nunca. Cuando un niño es consciente de que hay que dibujar algo que está vivo, deja de dibujar cosas bonitas. Uso esta estética porque viene de un lugar, a lo mejor el único lugar puro que hay en el mundo, incluso feo y horrible, que es la infancia. Me cuesta mucho conseguir este estado, pero cuando lo consigo me tiro ahí meses. Por eso publico los libros a lo mejor tan rápido, en dos años. Más que una inspiración es un estado, porque inspirado lo estoy todo el tiempo. Pero de donde viene el dibujo, es un lugar que intento mantener bastante en orden[7].

MB: Hay una estabilidad estética muy importante. No hay una búsqueda de estilización extrema, pero al no haberla, creas tu propio estilo.

AS: Le doy mucha importancia a la estética. Los libros están poseídos por la estética: son blancos, son muy reconocibles. Todo el mundo me dice: “cuando voy a una librería, encuentro tu libro rápido”. Esta obsesión de quitar e intentar dejar sólo la esencia de lo que quiero poner se ha convertido en una estética plástica. Pero no estoy buscando una estética. Es mi forma de contar las cosas. Es para que el lector vea bien el símbolo que quiero poner, el color que quiero poner. En el último libro, en cada capítulo cambia el color, cambia la estética incluso, y creo que el lector nota eso, porque está dentro de la historia. No piensa “Qué mal queda este color”. No. Cuando lo hice no pensé: “voy a cambiar aquí de color”. No. Tenía esta necesidad, de repente. Me veía a mí mismo dibujar el capítulo con un bolígrafo azul, por ejemplo. Una intuición que me decía que mejor lo hiciera así…

MB: … Que crea un ambiente particular…

AS: Tiene también un papel simbólico, incluso poético. Esto se va adquiriendo con los años. Ahora me sale sin pensar. Cuando hice el capítulo en rojo y negro, en Nada más importa, me apareció así en mi mente.

MB: En la Escuela de Bellas Artes de Cuenca, ya dibujabas así, me imagino.

AS: Es que no he sabido dibujar de otra forma nunca. Yo soy de los que han suspendido dibujo en primero de carrera. Soy pésimo para representar la realidad. Ahora dibujo muchísimo mejor de lo que dibujaba antes. En Bellas Artes, me hacían dibujar un punto sobre un plano o representaciones geométricas. Yo no tenía ni idea de cómo hacer esto. Yo sólo quería representar mis miedos.

MB: Estose refleja en tus primeras obras, donde encontramos el mismo mundo. ¿No crees que podrías llegar a cansarte de este mundo total, tan coherente?

AS: A lo mejor un día sí. Cuando me canse, pues habré dicho todo lo que tenía de decir. Se habrá acabado. No me da miedo terminar. Hasta ahora he sabido decir “¡basta!” a cada proyecto en su momento. Proyectos muy bonitos como los dibujos curativos tuvieron un principio y un fin. Me han llamado muchas veces para resucitarlos y no tiene sentido. Fue algo muy poético. Para mí tenía un principio y un fin esta acción. Todo tiene un principio y un fin. Con los libros es algo más difícil, porque creo que hasta que me muera, habrá libros. Hablan de mi vida. Son la espina dorsal de mi obra. Es el manual de instrucción de todo lo demás. Ahora, la gente, después de haber leído mis libros, lo entienden todo: la cerámica, etc.

MB: Tenemos la impresión de que en tus libros quieres dar otra imagen de la homosexualidad o de los homosexuales. Rompes con los cánones gays del siglo xx e incluso los del xxi. Propones alternativas.

AS: Ni que las propongo. Es que están ahí. O sea mi mundo es así. No todo es glitter. Estoy harto de esto. Odio la palabra “gay”. Significa “divertido”. Yo no soy divertido, no soy una persona divertida. No quiero que me definan como divertido. Hay veces que me divierto, y hay veces que estoy al borde del suicidio. No soy “gay”. Y es horrible lo que ha hecho la televisión y los medios de comunicación porque nos dicen cómo tenemos que ser. Y no se cuestiona la masculinidad, no se cuestiona la heterosexualidad. Yo siento mucha tristeza por los hombres heterosexuales porque son los que menos cuestionada tienen su identidad. Las mujeres ya van con pantalones vaqueros y los hombres no pueden ir con minifaldas. Las mujeres son el futuro del planeta porque son miles de veces más desarrolladas que el hombre. El hombre heterosexual sigue siendo un hombre de las cavernas. Y con los homosexuales, se ha dado la misma opción: si eres homosexual, tienes que ser así. La televisión ha planteado un tipo de homosexual. Es horrible, porque si hubiera más referentes homosexuales, no sería tan difícil para muchas niñas y muchos niños poder plantearse la opción de ser homosexual. Pero cuando tus patrones y tus referentes son gente que se depilan las cejas, que son frívolos y lo único que hacen es sonreír y blanquearse los dientes, pues mucha gente no quiere eso. Cada ser humano es un mundo paralelo y diverso. Me parece horrible y macabro lo que la sociedad ha hecho, ha conseguido, y lo que la comunidad homosexual ha mantenido y disfrutado de ello. Ser homosexual no es pura frivolidad. Uno de mis libros lo pone: “La vida no es una fiesta”. Y no lo es. Y pensar que lo es, es mentira. Mi vida no es confeti, color y pluma. No lo es. Hay un momento para todo. Todo esto no me define como persona.

MB: Lo más importante es el amor. Y como lector, a través del dibujo, seguimos y experimentamos todos tus estados de ánimo.

AS: ¡Qué bien!

MB: Háblame de tu relación con el mundo de la investigación. Es una temática que aparece en Nada más importa ya que vas investigando sobre la obra de Nazım Hikmet…

AS: El que estudia una obra de arte va a descubrir cosas que el artista desconoce o que el público todavía no ha visto. Todo este tipo de lecturas me interesan porque yo estudio mucho a los autores que me gustan. El capítulo dedicado a Nazım Hikmet me llevó mucho tiempo. Sin embargo es un capítulo muy corto. Comparar los textos, ver si las fechas coincidían, leer las traducciones… No había mucha información disponible sobre él. Este autor me interesó, me costó mucho encontrar conocimientos y compartirlos. Por eso pongo los títulos, las referencias, para que la gente encuentre los textos sin problemas.

MB: En el último libro, hasta se te ve haciéndolo.

AS: No soy doctor. No tengo tiempo. Pero el libro nuevo irá sobre la investigación. No puedo adelantar más pero va a ser de mucha investigación. Los libros anteriores eran un poco más de mirarme el ombligo, y en Nada más importa hay momentos en los que los demás se convierten en protagonistas. Ruby o Reduan que me quitan el trono dentro de mi libro, y se los doy encantado. En Nada más importa, hago de observador, intento comprenderles, por qué se comportan de tal manera, intento contárselo al lector. Y el resultado es como una investigación sociológica.

MB: Hay mucho de los estudios de tribus urbanas…

AS: Sí, muchísimo. De mis tíos, de cómo van pasando los años, de cómo se cortan el pelo, como vestían al principio.

MB: Formas como una familia de marginados.

AS: Sí. Todos mis personajes son outsiders, incluso mi padre. Incluso Ruby que dentro de los transexuales es rara. O por ejemplo Reduan que es árabe, que es marica y tiene que cuidar de su abuela. Me interesa mucho este tipo de gente, que son supervivientes como yo, porque a pesar de todo, o de nada, sobrevivimos y creamos nuestra identidad a pesar de la sociedad que nos dice lo que tenemos que hacer.

MB: Es como el personaje de Dani que ve porno asiático en Pajarillo, que rompe con todos los esquemas. Pero luego un personaje que parece más normativo como puede ser tu padre, también se convierte en un marginal en Nada más importa.

AS: Me encanta dar información con cuentagotas. Que los lectores se lo tengan que imaginar casi todo.

MB: Crea suspense. Por ejemplo, en Nada más importa, por fin tenemos más información sobre tu padre.

AS: Sí, los libros se pueden interconectar. La idea es ésa: los libros funcionan de forma individual pero hay una tela de araña que los une a todos. Por ejemplo, en Pajarillo hay un capítulo entero cuando vivo en la cabaña en Colorado, y en Nada más importa sale la cabaña. Aparece en dos libros diferentes pero se habla del mismo momento. Es como la vida misma: que la gente no desaparece enseguida.

MB: Nosotros te conocemos a través de la ficción. ¿Piensas que la mediatización va a influir en tu obra?

AS: Es una pregunta que me encantaría hacerle a la gente que ha leído toda mi obra. Si han visto una diferencia entre El hijo del legionario y Pajarillo, por ejemplo. Si han visto que, de repente, sin yo saberlo, me he puesto tímido, o si creen que hay cosas que ya no cuento. Yo creo que no.

MB: En el último se te ve como más maduro.

AS: Totalmente. En El hijo del legionario, se trata del Aitor adulto hablando del Aitor niño con miedo. En Nada más importa, es la primera vez que el adulto habla del hombre adulto. Por eso, en Nada más importa me gusta retomar el tema de la homosexualidad, de cómo digo yo a mi familia que soy marica. Es muy diferente de cómo se representa en El hijo del legionario. En Nada más importa lo cuenta el adulto, en El hijo del legionario, el niño asustado.

MB: ¿En qué, para ti, difiere mucho Nada más importa de los demás libros?

AS: Nada más importa es mucho más radical porque tiene cambios estéticos muy fuertes dentro del propio libro. Sobre todo los últimos cinco capítulos son muy diferentes.

MB: A diferencia de Pajarillo por ejemplo…

AS: Pajarillo se vendió muchísimo más rápido que El hijo del legionario. Pero los lectores me dijeron que a ellos les gustaba más El hijo del legionario. Pajarillo es como un poema gigante, porque el texto es mucho menos. Ese viaje, es como un poema casi visual, como este capítulo que no tiene palabra. Si pienso en Pajarillo me sale una palabra: “silencio”. O el zumbido del avión, este “puf” del viaje, que fuera un viaje literal, que si lo leyera seguido, que fuera como unos dibujos que parecieran poemas. Escribí Pajarillo para que no se me olvide esta historia de amor, este viaje amoroso. Este libro es intentar recuperar la memoria. Mis libros son como notas. En Nada más importa, lo digo: “los libros los uso como una antigua tumba egipcia”. Es mi forma de coquetear con la inmortalidad. Si me partiese ahora un rayo, no me importaría mucho. Porque están los libros.

MB: En Nada más importa, escribes: “Los libros soy yo”. ¿Es lo que quieres ser? ¿Lo que eres de verdad?

AS: Lo que quiero que vean. Cómo quiero que me recuerden. Por eso, en este libro me tuve que poner como el malo porque no quería ser siempre el bueno de mis libros. Quería que la gente viera esto también.

MB: Los libros son como algo explicativo. Tus dibujos o cerámicas son como una síntesis ¿no es así?

AS: Sí. Un manual de instrucciones. El que quiera entender mi obra plástica, debe leer mis libros. Los dibujos, no quiero que se entiendan: son como un puzzle, y que cada uno lo monte como quiera.

MB: ¿Cómo trabajas en tu día a día? ¿Cuál es tu rutina?

AS: No tengo una rutina de creación. Pero, para cada proyecto acabo teniendo una diferente. Lo difícil para mí es pasar de un proceso a otro: de la cerámica a la foto, al libro… El libro, por ejemplo, lo escribo encerrado en mi casa, en mi ratonera, durante muchos días escuchando música. Para el proyecto de Morissey, era todo lo contrario: era yo el que iba a la calle, buscaba a la gente. El hijo del legionario se escribió entre Madrid y los Ángeles, Pajarillo entre Madrid y Oporto. Nada más importa se ha escrito entre Madrid y Los Ángeles. Entonces era muy diferente todo, no lo veía igual en Los Ángeles y en Madrid. El libro casi se iba adaptando a mí, dependiendo de cómo estuviera y de dónde estuviera. Soy un poco egoísta para esto. No soy una persona que tiene un estudio con herramientas. Mi obra lo tiene que pasar un poco mal. Por ejemplo, hay dos capítulos de Nada más importa que escribí este verano cuando he estado con Redouan en un festival de black metal. Y ahora me resulta gracioso verlos en el libro. Parecen hechos de forma totalmente ajena a este momento en concreto. El capítulo de Nazım Hikmet está hecho también durante este festival. Cada vez que veo estos dibujos pienso: “¡Madre mía! Esto está hecho con 12.000 personas a mi alrededor y un montón de música y de ruido”. No tengo un proceso creativo cerrado.

MB Y ahora, ¿qué estás haciendo?

AS: Cerámicas nuevas. Ya estoy pensando en un libro nuevo.


Auteur


Propos recueillis par Maxime Breysse (Octobre 2013)
Université de Reims Champagne-Ardenne, EA 4299 CIRLEP


Notes


[1] Toni Torrecillas, “Los dibujos curativos de Aitor Saraiba: el ilustrador emergente nos dedica un remedio contra el mal de otoño”, El País (moda), Madrid, 17 octobre 2011, disponible sur : <http://smoda.elpais.com/articulos/el-arte-de-aitor-saraiba-si-que-cura/234> (consulté le 5 décembre 2013).

[2] Aitor Saraiba, El hijo del legionario, Alicante, Ponent, 2011.

[3] Aitor Saraiba, Pajarillo, Alicante, Ponent, 2012.

[4] Aitor Saraiba, Nada más importa, Madrid, Planeta, 2013.

[5] “Entrevista: Aitor Saraiba, get loud”, La Mono, disponible sur : <http://lamonomagazine.com/entrevista-aitor-sarabia-get-loud&gt; (lien consulté le 29 novembre 2013).

[6] “Creo que como mis padres se equivocaron tantas veces en el pasado, a mí también me han dado la oportunidad de hacerlo. Y eso es maravilloso” (El hijo del legionario).

[7] Está hablando de su corazón.